jueves, 19 de febrero de 2009

FANTASÍA DE LAS CASITAS




Toda persona, por el mero hecho de llevar una gorrilla,
posee el derecho inalienable a comprar una vivienda digna
con un geranio en la ventana,
con una tele en cada alcoba
y un teléfono cargando en cada enchufe.
Una casita alegre en que vivir encadenados
por el resto de las transmigraciones del alma
como viven los profetas en sus libros,
dicho sea sin ánimo de ofender, que Dios nos libre,
a las religiones y entidades financieras
envueltas en la cuestión. Así son nuestras vidas de pescados,
así nuestra sagrada Hipotecracia: amable y despiadada.
Con soltura tiende sus anzuelos y nosotros,
coleteando de ansia en un barril,
qué vamos a hacer sino picar agradecidos.

Cada uno en su casita de chocolate,
cada cual con su portátil y su móvil,
prótesis que colman
nuestras vidas sedentarias.
Dos y tres excursiones semanales
a los centros comerciales de concentración
con localizadores infiltrados en el ceño
para que no nos extraviemos por los patios.
Para que nos puedan cobrar
nuestras deudas
así como nosotros cobraremos
a nuestros deudores.
Para no dejarnos huir de la tentación.
Amén. Galeras. Gorritas.
Casitas de chocolate blanco.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Y si todavía fueran de chocolate...

Besito,

Sintagma in Blue dijo...

Yo, gorrilla tengo!

:-)

Anónimo dijo...

golliras tenemos, cubren la eterna calvize existecial, y son tregua para cuando reunamos el valor de ir seguros y bailando con la alegria inmortal... paso a paso, gorrilla tras gorilla.

Anónimo dijo...

astenia primaveral...