miércoles, 17 de diciembre de 2008

LA MOSCA DESVELADA




Una mosca vuela en el pasillo. Su vuelo desafía la inercia, insistiendo en una trayectoria paralelepípeda que le obliga a unos giros imposibles, de tan rectos, para nuestra aún modesta tecnología aeronáutica. Tras unos minutos de observación hipnótica, no me cabe duda de que la mosca es una nave. Con toda probabilidad, de origen extraterrestre, quizá impulsada por neutrinos u otras bolitas rápidas y respetuosas con el medio ambiente.

He de reconocer que aún no tengo claro quién la tripula o lo que transporta. Me concederé para ello otros cinco minutos. Especulo con que se trate acaso de naves sin piloto, autorreplicantes y tan astutas como para hacerse pasar por criaturas terrícolas hasta completar su misión. Mientras tanto, estos adelantados de su civilización llevan demorándose millones de años tan a gusto aquí en la Tierra, planeta que han colonizado por completo sin necesidad de agredirlo ni agotarlo.

En cuanto a mí, sólo me queda reclamar el honor de haber descubierto el misterio de las moscas y del zumbar perfecto de su motorcillo. El Nobel me espera, justo cuando empezaba a resignarme al anonimato de los insectos ignorados. El mío. Qué caprichoso es el destino de los genios.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo (ejem) mata moscas

las pobres...